Conocí el mosaico en las obras de Gaudí, recorrí y viví en su bella ciudad, Barcelona. Allí a los 21 años, estudié e hice mis primeros trabajos de mosaico en la Escola Llotja. Desde ese momento comencé a construir mi propio aprendizaje en esta técnica, el cual ha permanecido hasta el día de hoy.

Desde que volví, con una pincelada de lo que era el mosaico, comencé a crear y generar un camino artístico en las manos de la cerámica. A lo largo de más de diez años que ya han pasado, me puedo ver en una línea de tiempo creativa y constante en este lenguaje artístico. Con distintos talleres, momentos y oportunidades, he podido cultivar una forma de expresión que se basa en el sentido del color y de la naturaleza, en la paciencia, en el método, en el trabajo colectivo y en la reinvención propia y original que posee en sí el mosaico.

La verdad es que no me cansa, cada trabajo que realizo plantea nuevos desafíos y metas, cada mosaico es un ser que nace, que se construye en el tiempo y que se ilumina cuando se finaliza y se fragua. Es una técnica con tiempo, una instancia meditativa y activa, que integra piezas y pensamientos.

Con el mosaico he podido enseñar e integrar a niños y adultos en este oficio, tanto en la ejecución de talleres como en la creación de murales colectivos. Experiencias significativas en mi vocación, pues me recuerdan la visión originaria que tuve del mosaico en la ciudad, esa visión que Gaudí materializó y que me inspiró a seguir por muchos años.

Es un largo camino de constante aprendizaje, muy amplio en sus posibilidades técnicas, por ello, continuo perfeccionándome y aprendiendo con nuevos métodos y materiales. He vuelto hace poco a España e Italia a aprender más, para proyectarlo y enseñarlo luego, tanto en las clases y cursos que damos a nuestros alumnos, como en los trabajos de mosaico que nos solicitan continuamente.

Mis mosaicos